Las pantallas no gobiernan: ministra, gobierna usted

                                                          

La ministra de Educación reconoce tras el batacazo de España en el informe PISA la falta de comprensión lectora en el alumnado: "Puede venir relacionada con los hábitos de pantallas" https://www.elmundo.es/espana/2026/09/08/6a9fceb2e85ece870e8b458d.html?



España acaba de obtener sus peores resultados históricos en el informe PISA y la ministra de Educación ya ha encontrado al sospechoso habitual: las pantallas.

Según Milagros Tolón, Ministra de Educación, la falta de comprensión lectora del alumnado «puede venir relacionada con los hábitos de pantallas». Es verdad. Puede. También puede estar relacionada con la desaparición progresiva de la lectura exigente, con la reducción de contenidos, con el desprestigio de la memoria, con la promoción de curso sin haber adquirido conocimientos suficientes, con la pérdida de autoridad del profesor, con unas aulas cada vez más difíciles de gobernar y con unas leyes educativas diseñadas pensando más en maquillar el fracaso que en combatirlo.

Puede estar relacionada con muchas cosas.

Pero la ministra ha elegido las pantallas porque las pantallas no votan, no conceden entrevistas, no presentan mociones de censura y, sobre todo, no pueden responderle.

Los resultados de PISA son un desastre que no admite diminutivos, ni describe una pequeña dificultad coyuntural. España ha obtenido sus peores puntuaciones desde que participa en PISA: 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Desde la evaluación anterior, la comprensión lectora ha caído 23 puntos; y en la última década el descenso acumulado alcanza los 45. Aproximadamente uno de cada tres alumnos no llega al nivel mínimo en lectura y matemáticas, mientras que apenas un 2 % alcanza los niveles de excelencia. (elpais.com)

El resultado no es un mero dato estadístico incómodo. Es una emergencia nacional.

Significa que una parte enorme de nuestros jóvenes puede leer las palabras de un texto, pero no comprender verdaderamente lo que dicen, cuestión a la que me refería en mi artículo titulado “Cuando leer era obligatorio… y necesario” (https://dondevuelvenlossuenos.blogspot.com/2026/08/cuando-leer-era-obligatorio-y-necesario.html) y publicado en este mismo blog. Los jóvenes pueden descifrar una frase, pero tienen dificultades para relacionar ideas, distinguir un argumento de una opinión, detectar una contradicción o extraer una conclusión. Y quien no comprende lo que lee, evidentemente, tampoco comprende correctamente un problema matemático, una noticia, un contrato de trabajo, una nómina, una hipoteca, una sentencia judicial ni siquiera una papeleta electoral.

La comprensión lectora no es una asignatura más. Es la puerta de entrada a todas las demás y una condición elemental para ejercer la libertad. Un ciudadano incapaz de interpretar un texto complejo queda condenado a depender de quien se lo resuma, se lo simplifique o se lo manipule.

Por eso estos resultados son mucho más graves que una mala nota escolar. Estamos fabricando una sociedad más vulnerable, más superficial y más fácilmente dirigible. Es un proyecto a largo plazo de los distintos gobiernos socialistas.

Porque hay algo evidente, sí, las pantallas perjudican. ¿Y quién las introdujo en las aulas?

La influencia de las pantallas no es una ocurrencia. La OCDE lleva tiempo advirtiendo de que la distracción digital está relacionada con peores resultados académicos. Los alumnos que dicen distraerse con dispositivos durante las clases obtienen puntuaciones significativamente inferiores. El consumo constante de contenidos breves también dificulta la concentración sostenida que exige un texto largo. (oecd.org) 

Pero reconocerlo no exonera al Ministerio. Lo compromete todavía más.

¿Quién convirtió la digitalización en una palabra mágica? ¿Quién llenó las aulas de tabletas y ordenadores presentándolos como la solución inevitable para modernizar la enseñanza? ¿Quién confundió innovación con sustituir libros por dispositivos? ¿Quién permitió que el teléfono móvil se convirtiera durante años en una prolongación del brazo del alumno? ¿Quién debía evaluar los efectos de esas políticas antes de aplicarlas masivamente?

Las pantallas no entraron solas en los colegios. No derribaron las puertas durante la noche ni ocuparon los pupitres por sorpresa. Fueron introducidas, subvencionadas y celebradas por las mismas administraciones que ahora las señalan como responsables del desastre.

Resulta grotesco que quienes vendieron la digitalización como remedio universal pretendan presentarse ahora como simples espectadores de sus consecuencias.

El fracaso del modelo educativo es evidente,  pero lo más revelador de las palabras de la ministra no es que mencione las pantallas, sino la velocidad con la que descarta cualquier responsabilidad de la LOMLOE.

El Gobierno sostiene que el retroceso no puede atribuirse a su ley educativa porque esta promueve precisamente el aprendizaje por competencias. Sin embargo, los alumnos examinados ya habían estudiado bajo el currículo derivado de esa norma. Eso no demuestra por sí solo que la LOMLOE sea la única causa del hundimiento, pero sí impide absolverla mediante una simple declaración política. (cadenaser.com)

Una ley no es buena porque en su preámbulo aparezca muchas veces la palabra competencia. Lo es si los estudiantes adquieren realmente esas competencias.

Y los resultados dicen que no las están adquiriendo. Y no se han tomado medidas. 

Durante demasiado tiempo se ha confundido inclusión con rebaja de la exigencia; autoestima con ausencia de corrección; modernidad con desprecio por la memoria; igualdad con ocultación de las diferencias, y reducción del fracaso escolar con permitir que los alumnos avancen sin dominar lo anterior.

Hemos creado un sistema en el que cada vez resulta más difícil suspender administrativamente y, al mismo tiempo, cada vez resulta más fácil fracasar intelectualmente.

El aprobado oficial no garantiza el aprendizaje real. Se puede promocionar de curso, conseguir un título y seguir sin comprender un texto de cierta extensión. El expediente queda limpio; el problema permanece. La estadística nacional mejora hasta que aparece una evaluación exterior y levanta la alfombra.

Entonces llega PISA y descubre todo lo que llevábamos años intentando no mirar.

Tampoco basta con culpar a las familias. Las familias tienen responsabilidad. Naturalmente que la tienen. Un niño que crece sin libros, que nunca ve leer a sus padres y que pasa horas encadenando vídeos de unos pocos segundos, difícilmente desarrollará paciencia, vocabulario y capacidad de concentración.
Pero precisamente para compensar las desigualdades culturales existe la escuela pública, aunque sea responsabilidad de las CCAA. 

Si dejamos la lectura, la disciplina y la adquisición de conocimientos exclusivamente en manos de las familias, los alumnos con hogares cultos recibirán aquello que el colegio ha dejado de exigir, mientras que los demás quedarán abandonados. El resultado no será mayor igualdad, sino una desigualdad mucho más profunda y difícil de corregir.

Además, casi la mitad de los directores españoles señala carencias de profesorado y una proporción todavía mayor denuncia falta de personal de apoyo. Las aulas soportan problemas crecientes mientras la respuesta institucional suele consistir en más burocracia, nuevos términos pedagógicos y documentos redactados para demostrar que todo está siendo atendido. (elpais.com)

Un profesor desbordado, vigilado, desacreditado y obligado a rellenar formularios no puede reparar por sí solo décadas de errores políticos.

Entiendo que la solución no consiste en regresar sentimentalmente a una escuela perfecta que nunca existió en años pretéritos. Tampoco en expulsar toda tecnología de las aulas. Las herramientas digitales pueden ser útiles cuando están al servicio del aprendizaje y no cuando sustituyen el esfuerzo intelectual.

Pero hay decisiones que ya no deberían aplazarse y que dependen del gobierno nacional:
Recuperar la lectura diaria, prolongada y silenciosa. Volver a los libros completos y abandonar la tiranía del fragmento. Exigir redacciones, resúmenes y exposiciones orales. Reforzar el vocabulario, la gramática y la literatura. Devolver autoridad al profesor. Limitar drásticamente el teléfono móvil durante la jornada escolar. Evaluar con rigor. Repetir cuando sea necesario. Apoyar de verdad al alumno que tiene dificultades, en lugar de limitarse a trasladarlo al curso siguiente con sus carencias intactas.

Y, sobre todo, asumir responsabilidades.

Porque una ministra no está para observar los problemas desde la barrera y aventurar explicaciones como quien comenta el tiempo. Está para dirigir una política educativa, evaluar sus resultados y corregirla cuando fracasa.

Decir que la falta de comprensión lectora «puede venir relacionada con los hábitos de pantallas» es una obviedad adornada con prudencia verbal. Lo que necesitamos saber es qué hizo el Ministerio para evitarlo, por qué no funcionó y qué va a cambiar a partir de ahora. Recordemos que el presidente Sánchez en uno de sus actos de partido prometió más inversión en programas de refuerzo en comprensión lectora durante la legislatura (RTVE 21 de enero de 2024), pero claro no hay presupuestos o . ¿será que las familias tendran la culpa según el gobierno?.

¿Los hábitos sociales tendrán parte de culpa?

Pero las pantallas no redactan las leyes educativas, no deciden los currículos, no organizan los centros y no administran miles de millones de euros públicos.

Las pantallas no gobiernan.

Ministra, gobierna usted.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SERIE: Carretera hacia el azul infinito Un viaje por la Costa Amalfitana

“Y aun así, sigo”

Las Fallas: lo que arde y lo que permanece