“Seguir siendo hijo”
El calendario insiste cada año, puntual, casi insolente: Día de la Madre. Como si la palabra aún encontrara a quién nombrar. Como si no doliera pronunciarla en voz baja.
A mi edad —cuando uno empieza a contar más los años vividos que los que quedan por estrenar— la vida debería haberse vuelto más liviana. O eso nos dijeron. Sin embargo, hay ausencias que no envejecen, que no se desgastan con el tiempo, que no aprenden a quedarse quietas en un rincón de la memoria. La falta de una madre es una de ellas: una presencia inversa, una sombra que acompaña incluso cuando ya nadie más nos llama hijo.
Mi madre hace años que no está. Y sin embargo, sigue apareciendo en los lugares más inesperados: En el olor de ciertas comidas de las que ya nunca he encontrado su sabor. En la forma en que doblo la ropa, Cuando me miro las manos, en esa costumbre de guardar cosas “por si acaso”, que heredé sin darme cuenta.
Lo extraño es que uno no deja de necesitarla. Pensé que con los años, con los golpes, con la experiencia acumulada, esa necesidad se iría disolviendo, como tantas otras urgencias de la juventud. Pero no. Cambia de forma, se vuelve más silenciosa, más difícil de explicar, pero permanece. Ya no es la urgencia del niño que busca consuelo inmediato, sino algo más hondo: el deseo de contarle lo que ha sido de nosotros, de rendir cuentas sin juicio, de saber que, pase lo que pase, alguien sigue mirándonos con esa mezcla de indulgencia y orgullo que nadie más sabe imitar.
En días como hoy, la ausencia se vuelve más concreta. No es tristeza abierta, ni llanto fácil. Es algo más contenido, más adulto si se quiere: una especie de desajuste leve, como si una pieza del mundo estuviera ligeramente desplazada. Todo sigue funcionando, pero no encaja del todo.
He aprendido a convivir con esa falta sin hacer demasiado ruido. A veces incluso olvido que está ahí. Hasta que llega una fecha como esta y la vida, con su ironía tranquila, me recuerda que hay vínculos que no se jubilan, que no prescriben, que no se archivan nunca.
Supongo que envejecer también es esto: seguir siendo hijo en un mundo donde ya no queda una mujer que nos llame así.
Que escrito tan bonito 🥲♥️
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
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