El Bosque de los Susurros. Versión abreviada (Cuento 3 de El Secreto del Desván. Verano de 2025).
Aquella mañana llovía.
—¡Qué pena! No podemos salir… —dijo Carlos.
—Qué aburrido… —añadió Manuel.
De pronto, Carlos sonrió y a la vez exclamó.
—¡El cofre del desván!
Subieron corriendo y abrieron el cofre. Como las otras veces, el mapa mágico empezó a brillar.
¡Y la magia volvió!
Aparecieron sus amigos: Pinto, Trufa, Gabriel, Oliver, Tigrillo, Zetatrón, Don Hilario y el Señor Bestión.
El mapa mostró un lugar nuevo:
“El Bosque de los Susurros”.
Un remolino de luz los envolvió.
Y… ¡zas!
Aparecieron en un bosque enorme, con árboles eran gigantes.
Todo era bonito… pero extraño.
—¿Habéis oído eso? —preguntó Manuel.
Se oían voces suaves.
Susurros.
¡El bosque hablaba!
Pinto encontró un pergamino.
Carlos lo leyó: “Escucha con el corazón.”
Gabriel empezó a cantar. Y entonces las hojas se movieron, apareciendo un camino secreto.
—¡Vamos! —dijo Manuel.
Todo el grupo se cogió de la mano y echaron a caminar juntos.
De pronto, ¡el suelo tembló!
Unas raíces atraparon a Carlos.
—¡Cuidado!
El Señor Bestión rugió. Y al mismo tiempo lanzó un zarpazo y con sus fuertes garras rompió las raíces. Y Carlos quedó liberado.
¡Que susto!. Hasta Trufa cambió de color.
El bosque quedó en silencio y siguieron adelante hasta que llegaron a un claro precioso.
En el centro había una piedra.
El mapa brilló. Y apareció un cofre.
Dentro había una brújula.
Pero no señalaba al norte.
—Busca aventuras —dijo Don Hilario.
Manuel la guardó.
—Iremos juntos.
Entonces oyeron:
—¡A comer!
Era mamá.
Y de repente el bosque desapareció. Habían vuelto al desván.
Todo estaba como antes. Pero no del todo.
La brújula seguía allí.
Y el mapa… aún tenía muchos secretos.
Continuará…
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