“¿Cómo es posible que los españoles puedan dormir tranquilos con todo lo que se está diciendo de los jueces?”





El otro día escuché en un programa de televisión, al juez Villegas, que muy afectado pronunciaba la siguiente frase: “¿Cómo es posible que los españoles puedan dormir tranquilos con todo lo que se está diciendo de los jueces?”. Se me quedó grabada porque la pregunta es acertada, pero no se ajusta del todo a la realidad actual del estado de la ciudadanía española.  Lo que me mueve a sugerir otra pregunta, con todo mi respeto hacia el Magistrado: 

No, Magistrado. La pregunta no es esa. La pregunta es mucho más incómoda: ¿cómo es posible que sigamos tolerando que se diga lo que se dice…?

Aquí no hay un problema de estado de sueño colectivo. Hay un problema de degradación asumida. De podredumbre institucional convertida en paisaje. De escándalos que ya no escandalizan porque llegan en serie, se solapan, se neutralizan entre sí y acaban diluidos en una especie de fatiga moral que todo lo amortigua.

Lo grave no es que “se hable mal” de los jueces españoles. Lo grave es que quienes deberían sostener y respetar la integridad de los jueces y la credibilidad del Estado llevan años dinamitándola desde dentro, entre redes clientelares, blindajes políticos y una impunidad que se disfraza de complejidad jurídica.

Y mientras tanto, la sociedad observa. Comenta. Se indigna durante 48 horas. Y vuelve a lo suyo.

Dormimos tranquilos, sí. Pero no por inocencia, sino por costumbre. Porque hemos normalizado lo inaceptable. Porque hemos interiorizado que la corrupción es estructural, que la responsabilidad nunca llega hasta arriba y que, al final, todo se diluye en un ruido ensordecedor donde nadie paga de verdad.

Señor juez, no es tranquilidad: es rendición.

Rendición ante un sistema que ha aprendido a sobrevivir al escándalo. Rendición ante una política que ha hecho del desgaste una estrategia. Rendición ante una narrativa que convierte cada caso en un episodio más, nunca en un punto de inflexión.

Y lo más preocupante: rendición ante nosotros mismos.

Porque mientras nos sigamos escudando en la idea de que “esto es lo que hay”, seguiremos siendo cómplices pasivos de ese descrédito que tanto indigna en sus palabras. No es lo que se dice de los jueces españoles lo que debería quitarnos el sueño. Es porque ya casi nada consigue hacerlo.

Mi respeto y mi apoyo a los jueces españoles.


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