SERIE. "Conciencia, sistema y persistencia en tiempos de ajuste silencioso". Bloque 3. "POBREZA Y ESTRUCTURA"

 

3- El espacio se estrecha. La desaparición de la clase media.

“No estamos ante una crisis coyuntural. Estamos asistiendo a la desaparición práctica de la clase media como espacio de autonomía.”



Las crisis suelen entenderse como interrupciones.

Momentos en los que algo deja de funcionar, en los que las condiciones se deterioran de forma temporal y obligan a adoptar medidas de ajuste. Bajo esa lógica, toda crisis contiene implícita una expectativa: la recuperación. Antes o después, el sistema volverá a un estado de equilibrio reconocible.

Pero no todos los procesos responden a ese esquema.

Algunos no interrumpen el funcionamiento. Lo reconfiguran.

Cuando se observa la evolución de amplios sectores sociales en las últimas décadas, la idea de crisis resulta insuficiente. No se trata solo de una fase difícil dentro de un ciclo económico. Se trata de un desplazamiento más profundo en la forma en que se organiza la estabilidad.

Durante mucho tiempo, la llamada clase media no fue solo una categoría económica. Fue, sobre todo, un espacio de autonomía.

Un lugar desde el que era posible planificar, proyectar y sostener una vida con cierto margen de decisión. La estabilidad en el empleo, el acceso a la vivienda, la previsibilidad de los ingresos y la existencia de derechos consolidados permitían algo más que el bienestar material: permitían independencia relativa frente a la incertidumbre.

Esa autonomía no era absoluta. Pero era suficiente.

Suficiente para no depender constantemente de ayudas.
Suficiente para asumir compromisos a largo plazo.
Suficiente para ejercer una forma de ciudadanía no condicionada por la urgencia.

Ese espacio se está estrechando.

No de manera brusca, no como resultado de una única decisión o de un acontecimiento puntual. El cambio es gradual. Se manifiesta en trayectorias laborales más inestables, en dificultades persistentes para acceder a ciertos bienes básicos, en una incertidumbre que deja de ser excepcional y pasa a formar parte de la vida ordinaria.

Trabajar ya no garantiza estabilidad.
Ahorrar no asegura protección.
Planificar no siempre reduce el riesgo.

En ese contexto, la clase media deja de funcionar como un espacio sólido y empieza a fragmentarse. Una parte mantiene posiciones relativamente estables, otra se aproxima a situaciones de vulnerabilidad, y entre ambas aparece una zona amplia donde la continuidad depende de equilibrios cada vez más frágiles.

La consecuencia más relevante no es solo económica.

Es estructural.

Cuando la estabilidad se debilita, también lo hace la autonomía. Las decisiones dejan de basarse en proyectos a medio o largo plazo y pasan a estar condicionadas por la necesidad de adaptación constante. La capacidad de decir “no” se reduce. La posibilidad de elegir se estrecha.

Una sociedad en la que amplios sectores viven en ese umbral ya no organiza su funcionamiento en torno a ciudadanos con margen de decisión, sino en torno a individuos que deben gestionar permanentemente su propia incertidumbre.

Desde fuera, puede parecer una situación transitoria. Un ajuste dentro de un ciclo más amplio. Pero cuando esa condición se prolonga y se normaliza, deja de ser coyuntural.

Se convierte en estructura.

La desaparición práctica de la clase media no significa que la categoría deje de existir en las estadísticas. 

Significa que pierde su función como espacio de estabilidad y autonomía dentro del conjunto social.

Y cuando ese espacio se reduce, no solo cambia la distribución de la riqueza.

Cambia la forma en que una sociedad se sostiene a sí misma.

Comentarios