SERIE . "Carretera hacia el azul infinito. Cuando el viaje es la excusa" -. CAPITULO 5


Capítulo 5

Donde el mar se queda quieto

Maiori

Después de la pequeña aventura en Ravello y Scala, la carretera volvió a bajar hacia el mar. Conducir por la Costa Amalfitana tiene algo hipnótico: curvas que parecen repetirse, balcones sobre el agua y esa sensación constante de que el paisaje nunca termina.

Mari Cruz miraba por la ventanilla como si cada tramo fuera nuevo.

— No me canso de esto — dijo.

Y yo tampoco.

Pasamos Amalfi casi sin detenernos. Demasiada gente, demasiado movimiento. A veces los lugares más famosos pierden un poco de su magia cuando todos quieren estar en el mismo sitio al mismo tiempo.

Seguimos hasta Maiori.


Allí el ambiente cambió. La playa es más abierta, más larga que en otros pueblos de la costa. El mar parecía descansar. Aparqué cerca del paseo marítimo y caminamos hacia la arena.

El sol estaba alto, pero la brisa hacía que todo resultara agradable.


Nos quitamos los zapatos y caminamos despacio por la orilla. El agua estaba limpia, transparente, con ese azul que parece inventado. Mari Cruz entró primero, como siempre.

— ¡Está perfecta! — gritó desde el agua.

La seguí.

Hay algo especial en bañarse en un lugar donde no tienes ninguna prisa. Ninguna visita pendiente. Ningún horario.

Solo el mar.

Después buscamos un restaurante sencillo cerca de la playa. Una mesa con sombra, pescado a la plancha, vino blanco frío. Lo justo. Lo necesario.

Mari Cruz levantó la copa.

— Por este día improvisado.

Brindamos.

Y pensé que muchas veces los mejores momentos del viaje aparecen justo cuando dejas de perseguirlos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SERIE: Carretera hacia el azul infinito Un viaje por la Costa Amalfitana

“Y aun así, sigo”

Las Fallas: lo que arde y lo que permanece