SERIE . "Carretera hacia el azul infinito. Cuando el viaje es la excusa" - CAPITULO 6.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Capítulo 6
Positano al caer la noche
Regresamos hacia Praiano por la tarde. La luz empezaba a suavizarse y la carretera, que por la mañana parecía exigente, ahora se volvía casi amable.
— ¿Paramos en Positano? — propuso Mari Cruz.
No hacía falta insistir.
Aparcar allí siempre es una pequeña aventura, pero tuvimos suerte. Dejamos el coche y comenzamos a bajar por las calles empinadas que parecen caer directamente al mar.
Positano es distinta a Praiano.
Más elegante. Más luminosa. Más consciente de su propia belleza.
Las casas se apilan sobre la montaña como si alguien las hubiera colocado una encima de otra con mucho cuidado. Las tiendas estaban abiertas, llenas de vestidos de lino, sandalias, cerámicas de colores.
Mari Cruz se detenía en cada escaparate.
— Solo mirar — decía.
Yo asentía, sabiendo perfectamente que “solo mirar” en Positano es una expresión bastante flexible.
Cuando llegamos cerca del agua, la tarde ya empezaba a transformarse en noche. Las luces de las casas se encendían poco a poco sobre la montaña. El mar reflejaba pequeños destellos dorados.
No teníamos hambre.
Solo sed.
Entramos en una pequeña gelateria y pedimos dos granita al limone. Nos sentamos en un banco frente al mar, como hacen los que no tienen ninguna prisa por marcharse.
El cielo se fue tiñendo de violeta.
Mari Cruz estaba en silencio, mirando el horizonte.
— Este sitio parece inventado — dijo finalmente.
La miré.
Pensé que quizá tenía razón. Algunos lugares parecen demasiado perfectos para ser reales.
Pero en ese momento lo único verdaderamente real era aquello:
la noche, el mar… y ella sentada a mi lado.
Y entendí que Positano, con toda su belleza, solo era el escenario.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones

Comentarios
Publicar un comentario