CRONICAS FALLERAS. LA PRIMERA MASCLETA DE LA
LA PRIMERA MASCLETA DE LA SEMANA
El mes de marzo en Valencia es especial:
Hay sonidos que no se escuchan solo con los oídos.
Se sienten.
La primera mascletà de la semana de fallas es uno de ellos.
Sucede cada año, casi sin que uno se dé cuenta. Durante semanas la ciudad ha ido calentando motores: desde el 1 de marzo han habido mascletàs a diario, las calles empiezan a llenarse de gente, los balcones muestran banderas, las comisiones falleras trabajan sin descanso. Pero hay un momento en que todo cambia.
Es cuando llega la primera mascletà de la semana fallera en la Plaza del Ayuntamiento.
Antes de que empiece, el ambiente ya tiene algo especial. La plaza se llena poco a poco. Hay familias enteras, turistas curiosos y falleros que saben exactamente dónde colocarse. Algunos miran el reloj, otros miran el cielo, como si esperaran una señal invisible.
Y entonces ocurre.
Una primera explosión corta el aire.
Seca. Precisa.
No es solo un petardo. Es una llamada.
El ruido rebota entre los edificios, se expande por la plaza y, casi de inmediato, el cuerpo reacciona. El pecho vibra, el suelo parece responder a cada golpe de pólvora. Es un lenguaje antiguo, primitivo, que no necesita traducción.
Poco a poco el ritmo crece.
Las detonaciones se suceden como un latido cada vez más rápido. Los truenos de pólvora construyen una especie de música poderosa, una arquitectura invisible hecha de sonido y de ritmo. No hay melodía, pero hay orden. No hay palabras, pero todos entienden lo que está pasando.
La gente sonríe, mirando al cielo, cierra los ojos un instante para sentir mejor la vibración.
Y entonces lo comprendes.
La mascletà no es un espectáculo para mirar.
Es un espectáculo para sentir.
Cuando llega el terremoto final, el aire entero parece temblar. Los golpes se encadenan con una fuerza que hace vibrar el estómago y el corazón al mismo tiempo. Es imposible permanecer indiferente. El cuerpo entero participa en ese instante.
Y de pronto, silencio.
Un silencio breve, sorprendente, casi irreal después de tanta intensidad.
La plaza estalla en aplausos. La gente se mira, comenta, sonríe. Algunos levantan el móvil para grabar los últimos restos de humo que se disuelven en el cielo de Valencia.
Pero para muchos falleros, lo que acaba de ocurrir tiene un significado más profundo.
La primera mascletà es el aviso.
El momento en que la ciudad despierta definitivamente y recuerda que las Fallas ya están en marcha. Que durante unos días la rutina quedará en segundo plano. Que la pólvora, la música, la luz y el fuego volverán a ocupar las calles.
Cada año es la misma sensación.
Ese instante en que el primer trueno de pólvora atraviesa el aire y uno piensa, casi sin decirlo en voz alta:
Ahora sí.
Ahora empiezan de verdad las Fallas.
😍😍😍😍
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