CRONICAS FALLERAS: AGRADECIMIENTO A LA COMISION DE MI FALLA, LA FALLA PEU DE LA CREU
AGRADECIMIENTO POR LA DISTINCION CONCEDIDA POR LOS 25 AÑOS DE PERTENENCIA A LA COMISION DE LA FALLLA PEU DE LA CREU. VALENCIA.
A la Comisión de la Falla Peu de la Creu
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento por el reconocimiento que me habéis concedido al cumplirse 25 años como fallero y miembro de esta comisión. Me habría gustado poder estar con vosotros para compartir ese momento, pero por motivos de salud no me ha sido posible. Aun así, quiero que sepáis que lo he recibido con una emoción profunda y con el mismo cariño con el que se reciben las cosas verdaderamente importantes.
Hay quien piensa que las Fallas son ruido, pólvora y fuego.
Para mí siempre han sido algo mucho más íntimo.
Son identidad.
Son pertenencia.
Son esa mezcla extraña de estruendo exterior y silencio interior que solo entiende quien ha formado parte de ellas durante tantos años.
Las Fallas no son solo una fiesta en el calendario. Para mí han sido también una forma de medir el tiempo de mi vida.
Recuerdo cuando mis hijos, siendo infantiles, fueron presidentes de nuestra falla. Los veía con su insignia en el pecho y comprendía que aquello no era un simple gesto simbólico. Era el inicio de algo más grande: responsabilidad, orgullo, aprendizaje, familia. Era verlos crecer bajo la luz de marzo.
Recuerdo también con enorme nostalgia y felicidad el año 2008, cuando Mari Cruz, fue fallera mayor de nuestra falla. Aún hoy, cuando cierro los ojos, la veo vestida de fallera, con esa mezcla de elegancia y serenidad que solo ella sabe llevar. No era solo el traje; era todo lo que representaba: compromiso, cariño, respeto ganado con los años. Aquel fue su año… y, de alguna manera, también el mío. Sentí entonces un orgullo profundo, limpio, de esos que no necesitan demasiadas palabras.
Y recuerdo también los años en los que tuve el honor de ser presidente. Ser presidente no es solo ocupar un cargo. Es escuchar, decidir, mediar, sostener. Es estar cuando hay aplausos… y cuando no los hay. Es asumir responsabilidades que muchas veces pasan desapercibidas.
Fue un tiempo intenso. A veces duro. A veces ingrato. Pero también profundamente humano. Y sobre todo, lleno de aprendizaje.
Con los años he entendido que las Fallas son una metáfora perfecta de la vida.
Se construyen durante meses con dedicación absoluta. Se cuida cada detalle. Se pone pasión en cada decisión. Se vive con intensidad cada acto.
Y, al final, todo arde.
La cremà siempre me ha parecido una lección silenciosa: aceptar que lo efímero no le quita valor a lo vivido. Al contrario. Lo engrandece.
Mis hijos ya no son aquellos infantiles.
Mari Cruz ya no es la fallera mayor de 2008, aunque para mí lo siga siendo en algún rincón del recuerdo.
Yo ya no soy presidente.
Pero lo que fuimos… eso no se ha quemado.
Porque las Fallas no son solo fuego.
Son memoria.
Son familia.
Son la certeza de que hay etapas que pasan, cargos que terminan y monumentos que se convierten en ceniza… pero lo que se construye con amor, amistad y entrega permanece para siempre.
Aunque este año no haya podido acompañaros físicamente por motivos de salud, me siento igualmente cerca de todos vosotros, porque después de tantos años uno entiende que ser fallero no depende de estar en un momento concreto, sino de todo lo vivido juntos.
Gracias, de corazón, por este reconocimiento y por estos 25 años compartidos en la Falla Peu de la Creu.
Con afecto, gratitud y orgullo fallero.
Manuel Vicente Latorre Lázaro.

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