Año y medio después de la DANA: seguimos esperando las excavadoras.
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Ha pasado más de un año y medio desde la última gran DANA que golpeó con fuerza la Comunitat Valenciana. Aquellos días lloramos 230 muertos y vimos lo de siempre: barrancos desbordados, calles convertidas en torrentes, coches arrastrados como si fueran de papel y vecinos intentando salvar lo que podían mientras el agua avanzaba sin pedir permiso.
Después llegaron las visitas institucionales, las declaraciones solemnes, las promesas de inversión y los anuncios de planes millonarios. Se habló de prevención, de infraestructuras hidráulicas, de estudios técnicos y de actuaciones urgentes para evitar que algo así volviera a suceder.
Pero hoy, año y medio después, basta con recorrer muchas de las zonas afectadas para comprobar una realidad incómoda: las grandes obras de prevención simplemente no están.
Sí, se han reparado puentes, carreteras y caminos. Era necesario. Nadie discute eso. Pero conviene decirlo con claridad: reparar lo que se rompió no es prevenir la próxima catástrofe.
Y la prevención sigue, en gran medida, en el mismo lugar de siempre: en el papel.
Los técnicos llevan décadas señalando los mismos puntos críticos. Barrancos que necesitan encauzamientos, zonas urbanas con drenajes claramente insuficientes, áreas donde el crecimiento urbano ha invadido espacios que el agua reclama cuando llegan lluvias intensas.
Lo que falta es ejecución.
Entre un proyecto y una excavadora se interponen estudios complementarios, evaluaciones ambientales, trámites administrativos interminables, licitaciones que se retrasan y competencias repartidas entre el Estado, la Generalitat y los ayuntamientos. Cada administración tiene su parte, su presupuesto, su calendario y por que no decirlo su ideario político.
Y así pasan los meses. Los años.
Mientras tanto, el clima no espera.
Las DANAS forman parte de la realidad mediterránea y los expertos advierten de que los episodios extremos podrían ser cada vez más intensos. No hablamos de una posibilidad remota, sino de algo que tarde o temprano volverá a ocurrir.
Porque la pregunta no es si volverá otra DANA.
La pregunta es cuándo llegará la próxima.
Y cuando llegue, los discursos y las ruedas de prensa no desviarán el agua. Tampoco lo harán los proyectos guardados en un cajón ni los planes pendientes de licitación.
Lo único que reduce el riesgo son las obras hechas.
La prevención de inundaciones nunca ha sido una política rentable a corto plazo. Las obras son caras, largas y poco visibles cuando el cielo está despejado. Pero su ausencia se paga muy cara cuando el agua vuelve a bajar por los barrancos.
Por eso, año y medio después, la pregunta sigue en el aire:
¿Cuánto tiempo más vamos a esperar para empezar de verdad?
Porque en materia de inundaciones hay una verdad que se repite generación tras generación en el Mediterraneo: el agua siempre vuelve.
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Por desgracia, lo de siempre… palabras bonitas, promesas y a esperar a que pase otro evento que a la gente le haga olvidar el anterior. Igual que en la Palma.
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