El reparto celestial de la verdad.

 " Es aburrido hablar de sanidad y educación públicas, economía, impuestos, paz, justicia internacional o derechos humanos. Mejor descalificar e insultar. Uno se tiene que morder la lengua para no hablar de los rebaños o las coces de los mulos que rebuznan".

Luis García Montero.

El País 

Columna: Argumento

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Debe de ser agotador cargar, día tras día, con la exclusiva del bien. Algunos todavía creen que la izquierda, y su versión más inflamable, la extrema izquierda, poseen una patente universal sobre la verdad, la cultura y la moral. Y claro, cuando llega Semana Santa, entre tambores y procesiones, toca evangelizar a los descarriados de derechas, esos pobres mortales que, según Luis García Montero, rebuznan entre mulos y rebaños.

El poeta, que tanto valora la palabra, parece haberla utilizado esta vez como látigo. Y lo curioso no es que insulte —eso es viejo y humano—, sino que lo haga mientras se queja de quienes insultan. Paradojas de nuestro tiempo: la superioridad moral produce una ceguera tan estética que hasta el desprecio le parece lírico.

España, mientras tanto, sigue ahí, más preocupada por su sanidad, su economía o su futuro que por la zoología política del articulista. Pero hay quien prefiere la fábula al análisis, el exabrupto a la idea, el púlpito al diálogo. Así es más fácil: basta con dividir el mundo entre hienas y justos, serpientes y sabios.

Quizá algún día descubramos que la verdad no se hereda por militancia ni se declama en verso. Que la razón no tiene color político ni se firma con carné. Y que, si de metáforas animales se trata, más valiente sería asumir que todos tenemos dentro —en mayor o menor medida— una fiera dispuesta a gruñir cuando le tocan demasiado la paciencia.

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